sábado, 9 de febrero de 2013

Esperas

Simplemente, esperas. Al otro lado, esperas.
Taciturno, recuerdas su cara, sus ojos, su nariz, sus labios... intentas deshacer el conjunto, lo vuelves a unir. Imaginas mil formas posibles, pero siempre será ella, siempre mantendrá su esencia. Acaricias su pelo. Hundes tus dedos tras los bucles negro azabache y respiras. Absorbes su fragancia, sus más profundos sentimientos. Inhalas deseo, exhalas pasión, placer, lujuria. Se apaga la luz. Las imágenes sobran. Las palabras sobran. Sólo quedamos tú y yo, en una guerra sin perdedores. Las paredes jadean, empañan los cristales. Los labios entrechocan, son mordidos con pasión sin control. Los cuerpos se estremecen bajo las sábanas. Las manos se deslizan aleatoriamente buscando la nada y encontrándote a ti, siempre a ti. Exhalas la última bocanada sumergiéndote en la catarsis.
Amanece. Tu pelo sobre mi hombro. Olor a deseo por cada esquina de la pequeña habitación. Mil pensamientos recorriendo mi cerebro. Un tierno beso sobre tu frente y el dulce aroma del amanecer en tus labios.
¿Ha ocurrido realmente? Todo es muy difuso.... porque recuérdalo, simplemente, esperas.

miércoles, 23 de enero de 2013

Fin de trayecto

¿Y qué hacer cuando no queda nada?
Sonreír y caminar,
dejar las horas pasar
bajo esta sombría alfombra de sueños,
y sobre todo...

Pensar.
Pensar en todo aquello que te hizo feliz,
pensar en las lágrimas,
en los recuerdos,
las historias,
los caminos por descubrir
que no compartiste a mi lado.

Soñar.
Soñar con las caricias,
los abrazos,
las ilusiones,
y con el mundo
que abrimos ante nuestros ojos
ante la incredulidad de unos cuantos.

Sentir.
Sentir las emociones
de un nuevo amanecer,
sentir tu aliento
reposar sobre el alféizar de mi ventana
mientras suspirábamos
a la luz de las luciérnagas.

Es difícil
no dejar todo atrás
cuando el amor
se ha convertido en rabia.

martes, 11 de diciembre de 2012

Déjame

Déjame que acaricie
tus noches,
por encima de todo deseo,
tan sólo
con la yema de los dedos,
recorrer tus labios sin miedo a perderme,
o mejor,
perderme tras la sinceridad de tus ojos
sin miedo a nada,
ya que, al otro lado,
sólo tú me estarás esperando
con esa sonrisa que te caracteriza.

Déjame llevarte
dónde sólo tú puedes comprender
el significado de los silencios más profundos,
dónde las palabras no tienen cabida
ni las alusiones al tiempo
pueden tener significado alguno
ya que nosotros mismos
lo detuvimos.

Déjame perderte
por las frías calles de París,
y arroparte tan sólo
con un sincero abrazo
y la densidad de la niebla;
mostrarte la consistencia de los sueños
y ayudarte a fabricarlos
para que nunca nos falten;
y con ellos,
construir noches en vela
dónde las caricias
puedan congelar el tiempo.

Déjame, simplemente,
estar junto a ti…

domingo, 30 de mayo de 2010

Tiempos de arrepentimiento

Yaces en el subsuelo de tu cerebro, en la trastienda de la conciencia, bebiendo whiskey con soledad. Sabes que te mira con indiferencia pero con una rabia contenida durante años. Una amiga de toda la vida apartada del mundo con dos tragos y un adiós.
Nunca olvidarás aquella tarde en la que te juró que nunca más se separaría de ti mientras las lágrimas surcaban sus gélidas mejillas y apretaba tus manos con tristeza. La luna se te apareció la noche anterior jurándote amor eterno. Después de tanto tiempo intentando acariciar sus suaves y delicados muslos no pudiste negarte a su proposición, pero un amargo recuerdo te sacudió y una lluvia de cuchillas voló hacia el cielo destrozando su alma en mil pedazos imposibles de unir.
Fustigaste tus deseos sin dolor, arrepintiéndote de cada golpe, cada grito, arrepintiéndote de ser, de sentir, de las caladas de soledad y sus abrazos por compasión. Las cosas nunca serán como fueron, no habrá llamadas que desaten la risa y la locura ni relatos con los que llorar, no habrá ni tú ni yo, no habrá un nosotros, sólo una línea de lágrimas marchitas y memorias muertas que sacudirán mis sueños induciéndome a la más cruda de las realidades, mi triste mundo, y haciendo que…
Ahora te miro desde este húmedo agujero, arropado por mi ego y tiritando de arrepentimiento. Te veo. Irónicamente, no vienes sola. Te acompaña la luna. No os miráis a los ojos, ni siquiera os habláis, no parecéis conscientes de estar una junto a la otra. Tan sólo intercambiáis sollozos y abrazos para olvidar. Para olvidarme... y así poder mantenerme vivo en vuestros recuerdos.

domingo, 17 de enero de 2010

Cuarto menguante

Tres y media de la madrugada. No queda papel ni nada con lo que aliñar el seco tabaco. Tan solo una botella vacía, de algún alcohol jodidamente asqueroso, y una vieja lámpara descansan sobre la mesa. La tinta se derrama sobre las hojas mientras pienso en la última jugada. Nada me acompaña. Bueno sí, aquella pequeña y mugrienta caja dónde te dejé escondida. Hace tanto tiempo que te guardé que ni recuerdo cuándo fue la última vez que di un paseo por tus rincones. Sólo recuerdo los últimos versos que te escribí:

“y lamiste la escarcha de mis sueños
para mostrar los errores de mi vida,
y con ellos,
sacudir las lágrimas y la rabia
con la que firmé tu despedida”

Sabes que nunca fui buen poeta. Bueno, en realidad, nunca llegué a ser un poeta, ni la ínfima parte de lo que ello supone, tan sólo un loco traductor de pesadillas que con el último trago olvida todo, salvo las piedras que se puso en el camino.
Ahora, disfruto fumando la última calada de la vida y besando furtivamente a la luna. Posándome en el alféizar de la ventana aúllo por su presencia. No queda nada por lo que arrepentirse, así que, discúlpenme, pero creo que me esperan en la pieza de al lado.

miércoles, 10 de junio de 2009

Sin título

A veces,
aprendemos a escuchar al silencio,
sin dejar que se nos pase ninguna nota,
y comenzamos
a valorar la poca importancia de las palabras,
siempre sucias y llenas de imperfecciones
y malos modales
y sabor a nicotina
y a café enfriándose a las tantas de la madrugada
acompañado de una porción fría de ilusión.
No siempre
comprendemos su significado,
vacío de “Te quiero” y “Te echo de menos”
pero lleno de ganas de sentirlo
y de romper la tranquilidad
de la última calada
con una leve caricia en la mejilla.
Callado,
escribes su nombre en un papel arrugado y mugriento,
rajas tu garganta
y lo introduces,
manchando todo de recuerdos
y sangre reseca
que intenta apartarse de su destino
chillando con toda la rabia acumulada,
pero resulta imposible todo intento
de gritar en el vacío
ya que nunca podremos oír.
Y así es como estoy,
rompiéndome la voz en el vacío,
intentando reconocer mi propio eco
y contestarle con el odio que se merece.
Pero acéptalo,
es imposible gritar en silencio…

jueves, 4 de junio de 2009

Lágrimas de sentencia

Vives de ilusiones.
Vives de caricias y cafés a medianoche.
Mueres de esperar,
contando las lágrimas
que derrama el viejo reloj
al saber que nunca vendrá.
Terminas las historias
sin apenas haber escrito
el prólogo de tu propia vida.
No tiene prólogo.
Pero tampoco ganas ni fuerzas
de empezar a latir.
Demasiado inmaduro todavía.
Demasiado joven para envejecer.
Demasiado viejo para crecer.
Demasiado débil para creer.
Y la vida,
con voz cazallera
y escupiendo tinta
que cala hasta el desconsuelo,
se ríe,
alumbrando las aceras
con la sombra de tus pisadas.
Miro la urbe
desde dos cuencas vacías
que desprenden alaridos de inanición.
Veo miedo sin orgullo.
Veo asfalto mojado de besos que no me diste.
Veo llamadas perdidas
sin un destinatario concreto.
Estallo los cristales de las farolas
a mi paso,
y supuro alquitrán por las heridas
entremezclándolo con ignorancia y conformismo.
Oblígame a que dé el último paso
y nunca más
oirás al eco de mis zapatillas
amortiguarse
con los bucles de tu pelo.

lunes, 18 de mayo de 2009

Esperanzas de medianoche

Deliras,
deliras pero me engañas;
peor aún,
me haces partícipe de tus delirios
y el personaje principal.
Borras los pasos que dejas a tu espalda
para impedirme que te encuentre.
Quieres condenarme a respirar azufre
como te obligaron a ti en otro tiempo.
No,
no quiero eso.
Sí.
Me volviste a mentir.
Todavía recuerdo aquel día en que escribiste
nuestro destino sobre papel mojado,
en esa oscura estación,
de almas bien definidas y arrancadas de su realidad,
mientras me acariciabas el pelo
prometiéndome que no iba a pasar nada.
En aquel momento
hasta las luciérnagas se rieron de tu ironía
dibujando extrañas muecas sobre nuestras cabezas.
Pese a todo,
guardé ese papel con toda la ilusión
de un iluso principiante
esperando que las últimas líneas
se borrasen antes de que llegase el momento.
El bucle se volvió a cumplir,
no se puede luchar contra evidencia.
Ahora,
sólo me queda intentar sacarle una sonrisa al espejo
y la única solución que encuentro
es rajarlo con la mayor rabia posible;
con esa mezcla de posos de café y cristales rotos
escribiré el último capítulo
de mi dulce decadencia.

sábado, 9 de mayo de 2009

Último aliento

Tic-tac, tic-tac… y vuelves a explotar manchando todo de rabia y amarga bilis. Suenan las 6 y escupes de nuevo esa bocanada de aire entremezclada con odio. Ya son 36 horas sin dormir y maldiciendo el segundero y tus dudas, tus putas dudas; te sientas de nuevo para poder mirar por la rendija de la incertidumbre. Echas otro trago. Consumes de nuevo esa pastilla de colores llamativos que se supone que debería calmarte. Nada, no pasa nada. Te asomas a la ventana. Otra mañana más. Otro día nublado. Otra botella de alcohol barato encima de la mesa. Pero no otra cara nueva frente al espejo. Te consumes, te consumen… no, más bien te consumes. ¿Qué quieres de mi? ¿Qué quieres de ti mismo? ¿Qué cojones buscas? Respira… es mejor que te relajes…
Cada línea escrita es un corte profundo sobre los antebrazos desnudos. Cada gota derramada es un motivo más para odiarme. He descubierto que soy incapaz de creerme. Pero esta penitencia no lleva a ningún lugar seguro, sólo reduce la cordura a cenizas fácilmente transportables a la nada.
Las luces del corredor han comenzado a apagarse, y no seré yo el que se levante a encenderlas. Sólo me queda cerrar la verja e impedir mi paso de nuevo hacia el otro lado, podría ser demasiado peligroso para los dos. Apretaré la mandíbula mientras la fría aguja introduce el dulce caos en mis venas, permitiéndome ver la verdadera vida con la blancura de mis ojos.

miércoles, 22 de abril de 2009

Pisadas sobre vacío

Duerme tu mente solitaria enredándose en la tortura de mis sueños, entremezclándose con mi lento respirar y las palpitaciones que produce un “No, hasta nunca” a última hora de la tarde. Las ilusiones, encerradas en una pequeña caja de incertidumbre y desconcierto, reniegan de su identidad, entregándose a tus palabras perfumadas de ironía y pesimismo.
Reduces los atardeceres a fino polvo que se transporta con el más leve suspiro, e inhalo cayendo preso de sus efectos psicotrópicos, descubriendo un mundo de miradas perdidas, ausentes de toda realidad, y frías recreaciones paranoicas propias de la subjetividad de tus pensamientos.
Rendido, caigo, y momifico mi quehacer. Me alejo del resplandeciente camino para poder esconderme más allá del recuerdo de tus besos y así acabar mis días abrazado a las cenizas de tu desdicha por la cual perdí la cordura.