jueves, 18 de diciembre de 2008

3º sin ascensor

Consumiendo las últimas caladas del cigarro, los últimos suspiros en este mundo acostumbrado a empujarte a la ciénaga sentimental. La densa capa de humo, que crees que te cubre de la realidad, solo oculta los remordimientos, te miente y juega a la ruleta rusa esperando el momento en que la bala la atraviese, te atraviese, termine con todo.
Mientras tanto, la noche te arropa, mostrándose de la forma más bella desde un 3º sin ascensor, apagando las estrellas con un sutil movimiento, oscureciendo las calles, enfriando el asfalto, pensando en ti.
Un niño llora desconsoladamente buscando a su madre. Sientes ese vacío, la necesidad de llenar algo de algo, no sabes de qué, cómo ni por qué. Solo sientes esa necesidad agobiándote, arrebatándote el aire. Tranquilo, respira. El cristal te separa físicamente de ese niño pero mañana serás tú el que te enfrentarás de nuevo a esa realidad, serás tú el que llorarás pidiendo ayuda y volverá a asaltarte la misma duda: qué, cómo y por qué.
Das la vuelta y te echas sobre la cama pensando en el mañana… el mañana es demasiado tarde y nada esperanzador, viviré el presente hasta que los ecos del pasado ensordezcan el futuro.

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