jueves, 18 de diciembre de 2008

Abrazando al otoño

Las noches siguen
y las farolas se apagan
mientras una mortecina luz
nos alumbra,
escondida,
desde su solitaria guarida.
Como dos desconocidos
seguimos caminando
hacia ninguna parte,
esperando
que nuestras miradas se crucen
o que alguna débil palabra
salga a la deriva.
Todavía recuerdo
aquellos días de verano
en los que titubeábamos
con nuestras acciones,
en los que cada acto
era todo y nada
al mismo tiempo,
cuando con una sonrisa
se paraba el mundo.
El frío llegó de repente
y con él
se apagó la ilusión.
Los árboles comenzarán
a desecharse de su ligera vestimenta
y las calles amanecerán
cubiertas de hojas muertas.
Cuando quieras levantar la vista,
será demasiado tarde
para corregir el camino
y yo estaré soñando
en otros solitarios brazos.

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