jueves, 18 de diciembre de 2008

Caminante solitario

Girando la esquina del desconsuelo
y bajando la calle de la esperanza,
paseo por esta solitaria ciudad
de sombras a la deriva,
buscando refugio en algún
oscuro portal.
Camino mirando al cielo
mientras las gotas de agua
resbalan por mi rostro,
limpiando mi mente
y enfriando mis pensamientos.
Me deleito
con el sonido de las gélidas aguas
que caen
de esa misteriosa fuente
con formas macabras,
la cual
siempre detiene mis andaduras
por este pasaje
de adoquines ocres.
Observo
todo lo que me rodea,
abrazado por el frío,
que avanza con paso firme
manteniendo la mirada
y sonriendo sarcásticamente.
“Esta vez no me pillas”,
dije sonriéndole,
y continué mi paseo
hacia los más apacibles
secretos de la ciudad.

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