lunes, 16 de marzo de 2009

Camino hacia la eternidad

Miro, pero no veo. Y tropiezo con la inoportuna aparición de la razón.
Apatía. No hay fuerza en las palabras. Un adiós. Un hasta nunca, ¿o hasta luego? No, mejor hasta nunca. Mejor continuar el camino, este duro camino, y no mirar atrás. Sólo recuerdo sombras y ecos del pasado que la memoria ordenará a su antojo.
Y mientras tanto… ¿qué queda?... en realidad… ¿hubo algo? Seguramente palabras y acciones sin fundamentos, desinteresadas, carentes de realidad e impregnadas de ilusiones.
Una tormenta de imágenes, tortuosas pesadillas, perturba la tranquilidad del sueño, derramando lágrimas sobre tinta impresa en papel rasgado… frágil, como la esperanza. Estremecido, no sabes reaccionar. Normal, no sabes sobre que actuar. Intentas encajar las piezas de un puzzle incompleto y destrozado, corrompido por tu estúpida actitud.
Pregunta tras pregunta incrementas el insomnio, entreteniendo las noches con ideas absurdas e incoherentes que bombardean tu conciencia.
Abatido, aquí me despido.
Hasta nunca.

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