lunes, 18 de mayo de 2009

Esperanzas de medianoche

Deliras,
deliras pero me engañas;
peor aún,
me haces partícipe de tus delirios
y el personaje principal.
Borras los pasos que dejas a tu espalda
para impedirme que te encuentre.
Quieres condenarme a respirar azufre
como te obligaron a ti en otro tiempo.
No,
no quiero eso.
Sí.
Me volviste a mentir.
Todavía recuerdo aquel día en que escribiste
nuestro destino sobre papel mojado,
en esa oscura estación,
de almas bien definidas y arrancadas de su realidad,
mientras me acariciabas el pelo
prometiéndome que no iba a pasar nada.
En aquel momento
hasta las luciérnagas se rieron de tu ironía
dibujando extrañas muecas sobre nuestras cabezas.
Pese a todo,
guardé ese papel con toda la ilusión
de un iluso principiante
esperando que las últimas líneas
se borrasen antes de que llegase el momento.
El bucle se volvió a cumplir,
no se puede luchar contra evidencia.
Ahora,
sólo me queda intentar sacarle una sonrisa al espejo
y la única solución que encuentro
es rajarlo con la mayor rabia posible;
con esa mezcla de posos de café y cristales rotos
escribiré el último capítulo
de mi dulce decadencia.

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