martes, 11 de diciembre de 2012

Déjame

Déjame que acaricie
tus noches,
por encima de todo deseo,
tan sólo
con la yema de los dedos,
recorrer tus labios sin miedo a perderme,
o mejor,
perderme tras la sinceridad de tus ojos
sin miedo a nada,
ya que, al otro lado,
sólo tú me estarás esperando
con esa sonrisa que te caracteriza.

Déjame llevarte
dónde sólo tú puedes comprender
el significado de los silencios más profundos,
dónde las palabras no tienen cabida
ni las alusiones al tiempo
pueden tener significado alguno
ya que nosotros mismos
lo detuvimos.

Déjame perderte
por las frías calles de París,
y arroparte tan sólo
con un sincero abrazo
y la densidad de la niebla;
mostrarte la consistencia de los sueños
y ayudarte a fabricarlos
para que nunca nos falten;
y con ellos,
construir noches en vela
dónde las caricias
puedan congelar el tiempo.

Déjame, simplemente,
estar junto a ti…

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